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quarta-feira, 8 de abril de 2009

Chilam Balam de Chumayel (em espanhol) + As Sete Profecias Mayas

TRECHO:
CHILAM BALAM DE CHUMAYEL
El Chilam Balam de Chumayel es acaso el más importante de los Chilam
Balams, textos sagrados y proféticos escritos por los sacerdotes Mayas
especialmente en Yucatán durante la conquista española. Los autores de esta
obra esotérica y difícil como toda escritura sacra y tradicional, como todo
libro de sabiduría, parecen ampararse en la religión cristiana para de este
modo poder transmitir las doctrines cosmogónicas autóctonas las cuales son
asimiladas a la religión de los conquistadores, como sucede hasta nuestros
días; esto constituye una prueba de la capacidad y la comprensión de los
sabios y sacerdotes indígenas, los que fueron capaces de entrever la unidad
fundamental de sus creencias y la similaridad de la cosmovisión de
vencedores y vencidos, la que también fue advertida por los mejores
religiosos europeos en sus crónicas. Reproducimos aquí textos de la versión
realizada por Antonio Mediz Bolio editada en Costa Rica en 1943 y
actualmente publicada por la SEP de México, con prólogo, introducción y
notas de Mercedes de la Garza, aunque no incluimos sus excelentes
comentarios. Ralph Roys también tradujo estos textos del maya al inglés: The
Chilam Balam of Chumayel, Oklahoma Press, Norman, 1933 y The maya
katun prophescies of the book of Chilam Balam, Carnegie Institution of
Washington D. C., 1954. También existe una versión al Castellano sintetizada
de Alfredo Barrera Vásquez y Silvia Rendón: El libro de los libros de Chilam
Balam, F.C.E., México, 1948. Igualmente hay otra edición de M. Rivera, que
se basa en la de Médiz Bolio pero levemente modificada: Chilam Balam de
Chumayel, Historia 16, Madrid, 1986. En realidad las distintas versiones
coinciden de modo general y no se altera en ellas los valores simbólicos y
metafísicos. Los especialistas creen que todos estos escritos indígenas, de
expresión cristianizada, son copias de libros jeroglíficos antiguos, adaptados
a las nuevas modalidades del paso del tiempo; recopilaciones, para salvar su
tradición cosmogónica y metafísica original, presentar así su verdad y
realizar su identidad. A continuación publicamos algunos textos de este
conjunto, especie de "almanaque", estructura que corresponde igual-mente a
los códices precolombinos; obsérvense también los extraños latines y su
rústico encanto, su ambigüedad y valores fonético-rítmicos. Agregamos a la
versión de Médiz Bolio del Libro de los Espíritus, y del Trece Ahau Katún, la
inglesa de Ralph Roys traducida al español por María Montoliú Villar,
tomada de su obra Cuando los dioses despertaron, U.N.A.M., México, 1989,
trabajo que oportunamente comentaremos; creemos que para el lector será
interesante cotejar ambas versiones.

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domingo, 5 de abril de 2009

Popol Vuh / Popol-Vuh - Libro del consejo de los indios Quichés (em espanhol)

TRECHO:
BREVE NOTICIA
El Popol-Vuh, que puede traducirse Popol, comunidad, consejo, y Vuh, libro, Libro del Consejo o Libro de la Comunidad, fue pintado. Lo dice el texto: "Este libro es el primer libro pintado antaño". ¿El primer libro? ¿Querrá significarse con esto el más importante, algo así como la Biblia? "Pero su faz está oculta", sigue el texto. ¿Oculta, por qué? ¿Fue destruido? ¿Fue quemado? ¿Se consumió en la ciudad de Utatlán, entregada a las llamas, reducida a cenizas por el Conquistador? "Su faz está oculta al que ve", añade el texto, lo que mueve a pensar que no está oculta para el que, sin ver, conserva dicha faz en la memoria y la transmite oralmente.
Originalmente, el Popol-Vuh fue pintura, memoria, palabra, y en esta forma de tradición oral se conserva hasta mediados del siglo XVI, época en que vuelve a ser escrito, por un indígena, antiguo sacerdote quizá, en lengua quiché, con caracteres latinos. Este manuscrito, que constituye el verdadero original del Popol-Vuh, llega a manos de Fr. Francisco Ximénez, cura párroco de Santo Tomás Chuilá, población guatemalteca llamada actualmente Chichicastenango, a principios del siglo XVIII. Por eso se conoce el Popol-Vuh con el nombre de "Manuscrito de Chichicastenango".
Descubrirlo el Padre Ximénez, varón versadísimo en lenguas indígenas, y entregarse a su estudio y traducción del quiché al castellano, todo es uno. Pero el perilustre dominico no se contenta con traducir el Popol-Vuh. Para dar testimonio incuestionable de la autenticidad del texto y curarse en salud ante las autoridades religiosas, tal similitud hay entre el Génesis indígena y algunos pasajes de la Biblia, hace algo que la posteridad jamás le pagará bastante: al par de su versión castellana, en columna paralela, copia del texto quiché, es decir, que no sólo nos lega su traducción, sino la transcripción del texto indígena.
El Padre Ximénez realiza dos versiones. Una primera literal, que no le satisface, y una segunda, más cuidada, que incluye en el primer tomo de la "Crónica de la Provincia de Chiapa y Guatemala", obra monumental que del archivo de los dominicos pasa en 1854 —con otros documentos del Padre
Ximénez—, a la Biblioteca de la Universidad de San Carlos Borromeo. A partir de ese momento el libro sagrado de los quichés va a ser traducido a otras lenguas. El Dr. Carl Scherzer copia el texto en la Biblioteca de la Universidad de Carolina, y traducido al alemán lo publica en Viena, en 1857, bajo el título de "Las historias del origen de los indios de esta Provincia de Guatemala". El abate Carlos Esteban Brasseur de Bourbourg llega a Guatemala, desde Francia, atraído por la luz de ese manuscrito prodigioso, se afinca en el país, estudia y profundiza la lengua quiché y traduce el Popol-Vuh al francés, versión que publica en París, en 1891, con el título de "Popol-Vuh, le livre sacre et les mythes de l"antiquité américaine".
Varias otras traducciones se han hecho desde entonces, y se han publicado algo más de treinta y dos volúmenes, en todas las lenguas, interés que crece de día en día por tratarse de uno de los documentos milenarios de la humanidad.
De estas traducciones, citaremos las últimas. La del licenciado J. Antonio Villacorta y el profesor Flavio Rodas, publicada en Guatemala, en 1927, con el texto quiché fonetizado; la del licenciado Adrián Recinos, el cual encontró en la Biblioteca de Ewberry, de Chicago, el primer texto del Padre Ximénez, la traducción más literal, pero no la mejor, dado que el mismo autor la mejoró enormemente, y fue su segunda versión, ya más dueño del idioma quiché, la que incluyó en su famosa historia. De ésta, el profesor Georges Raynaud, después de más de cuarenta años de estudio, toda una vida, realizó su versión francesa ajustada al texto con rigor científico, sin restarle por ello su primigenia hermosura, su vuelo poético, su frescor vegetal, su hondura misteriosa. Dos de sus alumnos en la Escuela de Altos Estudios de París, el mexicano J. M. González de Mendoza y el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, vierten al español, bajo la dirección del propio profesor Raynaud, la traducción del Popol-Vuh, hasta ahora considerada como la mejor, y la publican en París, en 1927, con el título de "Los Dioses, los Héroes y los Hombres de Guatemala Antigua", de la que después se han hecho varias ediciones, siendo merecedora de citarse, en primer lugar, la de la Biblioteca del Estudiante Universitario ["El Libro del Consejo"], en las publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Y es la versión del Profesor Georges Raynaud, la de mayor autoridad científica, la que ahora publicamos, en la traducción al español de González de Mendoza y Miguel Ángel Asturias, seguros de que por igual ha de interesar al investigador, al sociólogo, al poeta, al escritor, al artista y al curioso lector que ame los mitos antiguos, y en este caso, el de cómo los dioses formaron el mundo americano y cómo fue creado el hombre de maíz.

sexta-feira, 4 de janeiro de 2008

Mictlán - O Reino Dos Mortos, de Rosane Volpatto

Para entendermos sobre Mictlán (Lugar dos Mortos) e de Mictlantecutli e Mictlancihuatl (Senhor e Senhora da Morte), temos que nos desprender das concepções ocidentais da morte.

Para nossos distantes ancestrais a relação da vida era unida à da morte. Segundo esta concepção, não se têm consciência plena da vida, se não tivermos consciência plena da morte. Desta forma o Quinto Sol (em que vivemos), foi produto do sacrifício e morte de Telauciztécatl e Nanahuatzin, deuses que se jogaram ao fogo cósmico que ardia em Teotihuacán, para a partir de sua morte, converterem-se em Lua e Sol.
Morrer para renascer. Este ensinamento nos é propiciado pelo Sol, que nasce, incansavelmente no Oriente (oeste) e se extingue, moribundo, no útero devorador do mundo no Ocidente (leste). Da mesma forma que a natureza, o homem está condenado a morte eterna. Morte e vida são portanto, aspectos de uma mesma realidade. A vida brota da morte, como a planta do grão, que se decompõe no seio da terra. A morte se justifica como um bem coletivo e dá continuidade à criação. Os mortos desaparecem para voltar ao mundo das sombras e para fundir-se ao ar, ao fogo e a terra. A morte é o regresso à essência do universo.

Para os astecas, havia uma crença que os guerreiros mortos em combate ou na pedra de sacrifício, morriam sob o signo de "Uitzilopochtli" e se convertiam em "companheiros da águia", eleitos para "acompanhar o Sol" do nascimento até o meio-dia. E, as mulheres mortas de parto, consideradas como guerreiras pela luta e sofrimento ao dar à luz, eram eleitas para acompanhar o astro do meio-dia ao entardecer. Mas, somente os homens, ao término de 4 anos desta caminhada se convertiam em aves de rica plumagem e regressavam a vida terrena.


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